La central hidroeléctrica 3 de Febrero (antes conocida como proyecto
El Chaparral) en San Miguel, El Salvador, estuvo a punto de abandonarse. Hoy, la central hidroeléctrica de 67 MW es símbolo de perseverancia. Si las centrales eléctricas hablaran, esta contaría una historia extraordinaria.
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En 1998, el Gobierno de El Salvador inició estudios para construir una presa y una central hidroeléctrica, proyecto que prometía un aumento significativo de la capacidad eléctrica de la región y una mejora espectacular para las vías y puentes locales. Tras las evaluaciones iniciales realizadas por un contratista anterior, la construcción arrancó según lo planeado en 2008, cuando el expresidente Elías Antonio Saca colocó la primera piedra. Sin embargo, al poco tiempo, el proyecto sufrió un duro revés con la tormenta tropical Agatha en 2010.
Durante los nueve años siguientes, experimentó varias dificultades, lo que dio lugar a numerosas paradas y reanudaciones. Además, el país se encontraba en pleno proceso de privatización de su sector eléctrico, lo que suponía para el proyecto un grave riesgo de cumplimiento con el MARN (Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales) de El Salvador.
Debido a los contratiempos, la obra quedó en suspenso cuando se habían completado tres cuartas partes.
Cuando finalmente se reanudó la construcción en 2019, el presidente Nayib Bukele cambió el nombre del proyecto de El Chaparral a Central Hidroeléctrica 3 de Febrero, un nuevo comienzo para la planta que aludía al día en que fue elegido presidente.
A través de la CEL (Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa), el presidente Bukele solicitó que se realizara una auditoría técnica del proyecto para garantizar que la finalización de la planta parcialmente construida tuviera sentido desde el punto de vista económico y no ocultara fallas técnicas importantes.
En ese momento, la CEL nos contrató por nuestra reputación internacional como empresa global de confianza con gran solidez técnica. Nuestra primera tarea: determinar el camino a seguir. La CEL necesitaba entender los costos y riesgos de completar el proyecto frente a los de desmantelarlo y restaurar el sitio. Nuestra auditoría concluyó que no había defectos técnicos significativos y que, desde el punto de vista económico, convenía más terminar el proyecto que abandonarlo, dado el avance de su construcción y la necesidad de más energía hidroeléctrica en la región.

La CEL estuvo de acuerdo con nuestra recomendación y, en octubre de 2020, en plena pandemia de COVID-19, nos requirió en terreno con un plazo de apenas tres semanas para proporcionar servicios de ingeniería, adquisiciones, gestión de construcción, gestión de proyecto, apoyo técnico in situ, comisionamiento y preparación operativa.
Pusimos en marcha una completa revisión de 12 años de diseños, traspasos, reubicaciones, órdenes de cambio, etc. En el proceso descubrimos áreas de construcción y diseño que incumplían las mejores prácticas y códigos.
Realizamos estudios para definir el alcance del proyecto con costos y plazos estimados. También completamos la ingeniería de diseño, que incluyó planes detallados para abordar los requisitos técnicos y ambientales asociados a la planta principal, incluida la construcción de nuevos caminos y dos nuevos puentes.
En colaboración con la CEL, además de los diseños, brindamos apoyo de gestión para la construcción de un gran embalse de 10,8 km2 de superficie para almacenamiento anual, incluida la estabilización de bordes y una presa de CCR (hormigón compactado con rodillo) de 84 m de altura y 325 m de longitud con una elaborada cortina de lechada. La envergadura de la obra era enorme, con un aliviadero de hormigón armado de cuatro bahías, que incluía grandes compuertas radiales y una cuenca amortiguadora, además de una toma con un túnel de conducción de 750 m de longitud y 6,5 m de diámetro. La estabilización y protección del río aguas abajo de la cuenca amortiguadora consideraba un desvío y aliviaderos, así como estabilizar también la zona original de la presa.
Para reducir costos, se construyó un estanque de compensación de 5500 metros cuadrados con un diseño único de gaviones y un dique de cierre de 25 metros de altura por 500 metros de largo para completar el embalse. También nos ocupamos de los aspectos civiles, arquitectónicos, mecánicos y eléctricos de la central eléctrica parcialmente construida.

Agravada, en parte, por la excavación asociada a la presa original, toda la zona de la margen derecha presentaba problemas de estabilidad a largo plazo. Para que el proyecto cumpliera las normas del MARN, era necesario un plan que asegurara la margen derecha y evitara que el material afectara la conducción del río. Identificamos el origen y el factor desencadenante del movimiento (una falla profundamente arraigada dentro de un plano débil del lecho rocoso que estaba saturado por una temporada de lluvias inusualmente húmeda) y se recomendó un plan multifacético para abordar con éxito el problema.
Se replanteó el diseño del dique de cierre cuando los problemas de la cadena de suministro hicieron inviable importar materiales tradicionales de arcilla. Optamos por una membrana de PVC, combinada con un terraplén de arena y grava altamente compactada, que proporcionarían una barrera confiable y económica contra el agua.
Con un diseño que garantizaba un caudal ecológico ininterrumpido en todo el río (lo que protege a las comunidades y a la flora y fauna río abajo), el embalse creado para el proyecto generó el aumento de la población de peces, favoreció las prácticas de pesca sostenibles y aún proporciona una fuente confiable de alimentos a las comunidades circundantes. Su capacidad de almacenamiento ayuda a mitigar las inundaciones, los deslizamientos de tierra y la erosión, además de brindar beneficios ambientales a largo plazo. Y al abrir nuevas rutas de navegación dentro del embalse, el proyecto reduce también las distancias de viaje y las emisiones de carbono. La ubicación de la central hidroeléctrica en el río Torola permite reutilizar el agua en la producción de electricidad, lo que mejora la eficiencia energética y la sostenibilidad en general.
El corazón de la Central Hidroeléctrica 3 de Febrero reside en su casa de máquinas. En su interior, se encuentran dos unidades generadoras de 32,2 megavatios y una unidad más pequeña de 1,42 megavatios para un caudal mínimo. Dos conductos forzados canalizan el agua hacia las turbinas y, aguas arriba, la subestación actúa como centro neurálgico de la central, responsable de elevar el voltaje de la electricidad generada para su transmisión a la red.
La Central Hidroeléctrica 3 de Febrero se inauguró en octubre de 2023, durante una ceremonia en la que el Presidente Bukele celebró el éxito del proyecto y compartió que los precios de la electricidad se reducirían un 14%.
Lo que antes era una obra plagada de retrasos y sobrecostos se convirtió en un éxito político y económico. La iniciativa se ha convertido en un legado, un hito y una fuente continua de prosperidad.
- Planta de conversión de Nemaska Lithium
- Mina Moma de Kenmare
- Proyecto Central Hidroeléctrica 3 de Febrero
- Proyecto Lucy de Prony Resources New Caledonia
- Canal de desvío de aguas pluviales del proyecto de desvío del área de Fargo-Moorhead
- Mina de rutilo y granate de Engebø
- Proyecto de reemplazo del Puente Pattullo






































